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miércoles, 26 de octubre de 2011

Subiela, el cineasta de la poesía.


Confieso que no hace mucho conocí a Benedetti gracias a una trilogía de películas de Eliseo Subiela que me recomendaron por ahí.  El lado oscuro del corazón (1 y 2), Hombre mirando al Sudeste y Despabílate amor , forman parte de dicha trilogía donde el director argentino inmortaliza a Benedetti y a otros poetas.



Para Subiela “el cine es el único lugar donde se sueña con los ojos abiertos” “No hay una misión más poética de la arquitectura que la construcción de espacios donde la gente va a soñar”. Por ello considera que el cine es un lenguaje esencialmente poético más allá de que incluya poesía literaria o no. Gracias a Subiela una gran generación de jóvenes entre los que me incluyo hemos descubierto y conocido poetas como Benedetti.

Subiela elige diversos poemas y narra una historia, un guión con cada uno de ellos. Bien reconocido tiene el nombre de Cineasta de la poesía como lo leí en elcultural.es “Busco poemas que se ajusten a la historia, porque primero tengo el argumento y luego le doy forma con los versos -asegura.  Se considera a este director, por tanto, “un mensajero del amor”, alguien que sigue “creyendo en la poesía como salvación”.

Sus películas están llenas de algo de erotismo, de pasión, son originales, surrealistas y sobre todo poéticas. La actuación maestra de sus actores le brinda ese toque de realismo a la obra.

Reconozco que me faltan muchas películas por ver de dicho director, pero por las que voy viendo estoy fascinada con su obra y mucho más  con Benedetti.

Benedetti fue un poeta y novelista uruguayo y su vasta producción literaria abarca todos los géneros, incluyendo famosas letras de canciones, cuentos y ensayos.  El lenguaje de Benedetti es sencillo, fácil de entender y comprender; y te permite enamorarte de la poesía, como hace mucho no lo hacía. Esas palabras sencillas, claras y que van directo al corazón hacen que te enamores de Benedetti.  Los poemas que prefiero de Benedetti son:

1.
Táctica y estrategia
2. Hombre que mira al cielo
3. Hombre que mira a la luna
4. Viceversa
5. Fundación del recuerdo
6. Hagamos un trato.

7. La gente que me gusta-Benedetti, entre otros.


Oliverio Girondo es otro poeta que conocí también por Subiela, que con un poema en El lado ocuro del corazón, también me atrapó. A Girondo  culpo por hacerme querer a un hombre que vuele.  "No le perdono, bajo ningún pretexto a un hombre, que no sepa volar. Si no sabe volar pierde el tiempo conmigo" Grande Oliverio.
 Por último pongo algunos poemas de las películas de Subiela, léanlos y dedíquenlos.


El lado oscuro del corazón

“Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias, o como pasas de higo. Un cutis de durazno, o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisiaco, o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de soportar, una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias.


Pero eso sí, y en esto soy irreductible, no les perdono bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar pierden el tiempo conmigo.”




Despabílate amor

Ningún corazón está totalmente cerrado al amor. Como la Bella Durmiente, puede que este aprisionado por un muro de espinos aparentemente impenetrable, pero algún príncipe o princesa puede atravesar el 
muro y despertar al corazón dormido. Cuando esto ocurre, es como un milagro.



Hombre mirando al Sudeste


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Inventa una historia, un recuerdo para mí.


Había una vez una mujer cuyo oficio era contar cuentos. Iba por todas partes ofreciendo su mercadería, relatos de aventuras, de suspenso, de horror o de lujuria, todo, a precio justo. 
Un mediodía de agosto se encontraba en el centro de una plaza, cuando vio avanzar hacia ella un hombre soberbio, delgado y duro como un sable. Venía cansado, con un arma en el brazo, cubierto del polvo de lugares distantes y cuando se detuvo, ella notó un olor de tristeza y supo al punto que ese hombre venía de la guerra. La soledad y la violencia le habían metido esquirlas de hierro en el alma y lo habían privado de la facultad de amarse a sí mismo. ¿Tú eres la que cuenta cuentos?, preguntó el extranjero. Para servirle, replicó ella. 
El hombre sacó cinco monedas de oro y se las puso en la mano. Entonces véndeme un pasado, porque el mío está lleno de sangre y de lamentos y no me sirve para transitar por la vida, he estado en tantas batallas, que por allí se me perdió hasta el nombre de mi madre, dijo. 
Ella no pudo negarse, porque temió que el extranjero se derrumbara en la plaza convertido en un puñado de polvo, como le ocurre finalmente a quien carece de buenos recuerdos. Le indicó que se sentara a su lado y al ver sus ojos de cerca se le dio vuelta la lástima y sintió un deseo poderoso de aprisionarlo en sus brazos. Comenzó a hablar. Toda la tarde y toda la noche estuvo construyendo un buen pasado para ese guerrero, poniendo en la tarea su vasta experiencia y la pasión que el desconocido había provocado en ella. Fue un largo discurso, porque quiso ofrecerle un destino de novela y tuvo que inventarlo todo, desde su nacimiento hasta el día presente, sus sueños, anhelos y secretos, la vida de sus padres y hermanos y hasta la geografía y la historia de su tierra. 
Por fin amaneció y en la primera luz del día ella comprobó que el olor de la tristeza se había esfumado. Suspiró, cerró los ojos y al sentir su espíritu vacío como el de un recién nacido, comprendió que en el afán de complacerlo le había entregado su propia memoria, ya no sabía qué era suyo y cuánto ahora pertenecía a él, sus pasados habían quedado anudados en una sola trenza. Había entrado hasta el fondo en su propio cuento y ya no podía recoger sus palabras, pero tampoco quiso hacerlo y se abandonó al placer de fundirse con él en la misma historia…
Desde que leí a Isabel Allende me dije que este fragmento del libro “Eva Luna”  sería la mejor manera de empezar a escribir algo. Entregar mi propia historia, mi propia memoria a todo aquel que me quisiera leer.  Siempre he sabido que no soy buena escribiendo,  pero cuando lo hago se escoger buenas y bonitas historias no solo propias, sino también del mundo.
Quiero crear mi propio cuento, quiero recoger historias, quiero anudar mi vida en una sola trenza y abandonarme al placer de fundir mi historia con la grandeza de la vida.

FRAGMENTO DEL LIBRO EVA LUNA DE ISABEL ALLENDE.